Oaxaca enfrenta una batalla silenciosa contra las enfermedades crónicas, una lucha que transcurre lejos de la atención mediática y que, sin embargo, cobra más vidas que los hechos violentos o emergencias de otro tipo. Los datos preliminares de las Estadísticas de Defunciones Registradas (EDR) del INEGI para el primer semestre de 2025 exhiben un panorama en el que la salud pública se disputa en hospitales, hogares y en los hábitos cotidianos, y no en escenarios de crisis repentinas. El triángulo mortal conformado por las enfermedades del corazón, la diabetes y el cáncer se mantiene como la principal causa de muerte en la entidad, revelando la urgencia de replantear las estrategias de prevención y atención en el sistema de salud oaxaqueño.
Las enfermedades del corazón encabezan la lista de defunciones, con 3 mil 489 muertes registradas durante el periodo. Este impacto resulta transversal, ya que no hay una brecha significativa entre géneros: 1,768 hombres y 1,721 mujeres perdieron la vida por esta causa. La estadística confirma que los problemas cardiovasculares afectan por igual a hombres y mujeres, y que factores como la mala alimentación, el sedentarismo, el estrés y la falta de acceso oportuno a servicios médicos siguen siendo detonantes comunes. El incremento de estos padecimientos refleja también la transición epidemiológica que vive Oaxaca, donde los estilos de vida modernos han desplazado a las enfermedades infecciosas como las principales amenazas.
En el segundo sitio se ubica la diabetes mellitus, responsable de 2 mil 336 defunciones en el primer semestre de 2025. Aquí la diferencia de género sí es notable: las mujeres concentran 1,247 muertes, mientras que los hombres suman 1,089. Este fenómeno apunta a una mayor vulnerabilidad entre la población femenina, posiblemente relacionada con el acceso tardío a tratamientos, el sobrepeso, la obesidad y la falta de seguimiento médico adecuado. La diabetes, al ser una enfermedad silenciosa y progresiva, frecuentemente es diagnosticada cuando ya existen complicaciones, lo que dificulta el control de la enfermedad y agrava su impacto en las familias y comunidades oaxaqueñas.
El cáncer ocupa el tercer lugar en la estadística, con 1,553 personas fallecidas en el periodo analizado. Si bien el reporte no especifica los tipos de cáncer más frecuentes, especialistas coinciden en que la detección tardía y la limitada cobertura de estudios preventivos son factores clave que reducen las posibilidades de supervivencia. En muchas localidades, sobre todo rurales, el diagnóstico llega cuando la enfermedad ya está en etapas avanzadas, lo que limita significativamente las opciones de tratamiento y recuperación. Este escenario subraya la importancia de fortalecer las campañas de prevención y detección temprana, así como de garantizar el acceso equitativo a servicios de salud de calidad.
Las enfermedades del hígado se posicionan en cuarto lugar, con 854 defunciones, y presentan una marcada diferencia de género: 606 de las muertes corresponden a hombres y solo 248 a mujeres. Esta disparidad suele estar asociada al consumo excesivo de alcohol, la hepatitis y otros factores de riesgo que afectan con mayor intensidad a la población masculina. Por otra parte, la quinta causa de muerte varía según el sexo: en las mujeres, las enfermedades cerebrovasculares provocaron 413 fallecimientos, evidenciando la relevancia de la hipertensión y los trastornos circulatorios; mientras que en los hombres, los accidentes representaron la quinta causa, con 575 muertes, lo que refleja riesgos derivados de la exposición a actividades peligrosas, movilidad y consumo de alcohol. En conjunto, estos datos no solo describen cómo mueren las y los oaxaqueños, sino que marcan el rumbo de las acciones urgentes que deben ser implementadas para reducir esta mortalidad silenciosa.





